Celestino Adames llegó a Haití como traductor de un grupo australiano de noticias. Ocho días después retornó al barrio El Ensueño de Santiago como el salvador de la vida de una niña de 18 meses.
La tarde del 14 de enero, dos días después del sismo, Deivy, los periodistas australianos, y varios habitantes de Petionville, cercano al hotel Montana, escucharon los gritos de un bebé cuyos padres murieron bajo las ruinas, mientras ella escapó de la muerte.
Lo recuerda claramente: "Se escuchaban gritos entre las piedras del derrumbe. Comenzamos a mover los escombros, tardamos 45 minutos en sacarla de allí pero lo logramos. Salió sana y salva".
Manaury Mejía, el joven de 24 años que se lanzó a las aguas del mar Caribe para auxiliar a las víctimas del autobús en el que murieron 10 personas el mes pasado, no se considera valiente por la arriesgada hazaña. "Valientes fueron los que escucharon los gritos de auxilio y no se tiraron. Lo que yo tuve fue un chin sentimiento", dice, "una vez me tiré quise retroceder".
Mejía, que hasta el momento del accidente se dedicaba al motoconcho, fue testigo ocular de la caída del autobús. Minutos más tarde luchaba, dentro del agua, por rescatar la vida de desconocidos. Salvó a tres. "Los tres están vivos. Fui un ángel mandado por Dios", dijo.
De OMAR SANTANA